No he empezado a escribir aún cuando ya me saltan las primeras lágrimas. Será que todavía tengo que asimilar la marcha de esa niña tan especial de la que hablé estos dos días atrás.
Todavía llevo impregnado en mi pecho su olor, será culpa de abrazarla tan fuerte y no soltarla para que no se fuera tan fácilmente de mis brazos. Todavía siento el olor de su pelo dentro de mí. Mi ropa aún huele a ella, y yo aún huelo mi ropa para sentirla cerca.
Ha dejado una huella en mi pecho con su olor, y dentro de él, en lo más profundo de mi corazón ha dejado otra más grande. Sólo ella fue capaz de llenarlo, y de vaciarlo poco después con su marcha.
Los últimos momentos, no siempre son los más bonitos, sí quizás los más dolorosos, sabiendo que hay mucha magia entre ambos, y que a partir de hoy quedará en el aire esa magia, volando sola, como ella... como yo.
Hay tres caminos, la magia tomará uno, ella tomará otro, y yo tomaré el último.
Nos iremos alejando, mirando atrás, por si aún estamos los tres... y cada vez seremos más pequeños. Ella me mirará, yo la miraré... pero seguiremos caminando.
Hay cosas que en la vida duelen mucho, como la muerte de un ser querido. De esto entiendo bastante, por desgracia. No todo es oro lo que reluce en mi vida, y he tenido que lamentar la pérdida de muchas personas en mi vida.
Ahora le toca a mi niña, es cierto que no ha muerto, pero me lo tomo de una forma tan similar que no puedo aguantar que las lágrimas recorran mi cara, y lleguen hasta mis labios, unos labios que no volverán a ser besados por lo que más amo en esta vida. ¿No tengo motivos para llorar? ¡Claro que los tengo! Sin sus besos, y sin el brillo de sus ojos no soy el mismo, en resumen, no soy nada.
Es uno de esos días en los que te das cuenta de que todo ha terminado de verdad, que no hay vuelta atrás. Que dependo de ella para ser feliz, y que si ella no quiere, tengo que huir por mi camino con mi amargura, sin mirar atrás.
Siempre recordaré mi primer beso con ella, el más bonito de mi vida. Para ella, era su primer beso, y para mí fue lo más bonito que pude darle. Lástima que no pueda darle muchos más, y que hoy haya sido el último.
Siempre recordaré aquellas tardes de verano junto a ella en las que nos prometimos que nunca llegaríamos a estar como ahora. Las promesas no están para romperlas, se rompen por sí solas. Yo le prometí todo, y así lo cumplí. Aquí estoy aún... pero supongo que debo irme, marchar solo sin su mano.
Siempre recordaré que fuimos capaces de convertir el amor en pasión.
Siempre recordaré que todos mis sueños se hicieron realidad con ella, absolutamente todos.
Una de esas noches mágicas, donde los dos dormíamos juntos, abrazados, hasta el amanecer, sin importarnos el qué dirán los demás.
Ella me lo ha dado todo, yo se lo he dado todo... ¿por qué el destino me pone en este compromiso? ¿por qué huye tan rápido? Nunca lo entenderé...
Supongo que ahora necesito saber cuanto menos de ella mejor, agachar la cabeza cuando la vea, y tratar de olvidarme de ella poco a poco. ¿Difícil? Mucho, pero no imposible. Espero que ella tarde también en olvidarme a mí, y que si en un futuro nos volvemos a ver, estaré encantado de ser lo que fuí y repetir la misma historia.
Sin mucho más que escribir, creo que tomaré mi camino, no sin antes ver cómo camina ella...
¡¡Hasta siempre mi niña!! ¡¡Te echaré tanto de menos...!!
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